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La actividad agraria necesita energias renovadas. Regar con energia fotovoltaica
26/08/2014

El continuo encarecimiento de la factura eléctrica y la paralización de las negociaciones con el Gobierno para cambiar el sistema de contratación de potencias, donde se reclama al menos la opción de dos cambios al año, está empujando a las comunidades de regantes y otras entidades agrarias, así como a los agricultores y ganaderos a título individual, a sopesar la alternativa de invertir en medios de energía renovables para desengancharse de la red eléctrica.

Sobre todo se trata de instalar paneles fotovoltaicos, incluso en casos de bombeos de aguas profundas, pero también se barajan otros sistemas de aprovechamiento energético, como los modernos molinos de generación eléctrica (la mini eólica) y la recuperación energética de conducciones de agua a presión a través de la instalación de miniturbinas.

La Federación Nacional de Comunidades de Regantes (Fenacore) y su correspondiente en la Comunitat Valenciana (Fecoreva) vienen realizando reuniones divulgativas en las que participan profesores universitarios y empresas punteras en estos sectores de las energías alternativas, para demostrar a los agricultores que lo que hasta hace poco tiempo parecía una utopía ya es una realidad al alcance de la mano, y encima rentable.

El rendimiento de una instalación de paneles fotovoltaicos ya no se mide en función de las posibles subvenciones, que se han ido desmoronando en los últimos años, sino en la posibilidad de utilizarlos como fuente de generación directa y autónoma de las propias necesidades.

Para que esto se haya hecho posible se han dado dos circunstancias con gran rapidez: desarrollo tecnológico y fuerte abaratamiento de los propios paneles.

Hoy, una placa solar cuesta la sexta parte (incluso menos) que hace cinco o seis años y rinde un poco más que entonces. Resolver las necesidades de extracción de agua de un pozo pequeño para una explotación agrícola de tipo medio puede representar una inversión de entre 10.000 y 15.000 euros, incluyendo la propia bomba y los elementos de control electrónico del sistema.

Seguramente, si se trata de contratar la traída de la red eléctrica (que ha de pagar el interesado) y el transformador cuesta varias verces más. Encima, con los paneles ya no hay que pagar por el consumo ni por una potencia contratada aunque no se emplee. Sólo hay que gastar un mínimo en mantenimiento y conservación.

Uno de los principales problemas de la energía fotovoltaica ha sido el de la inseguridad. Los robos han estado a la orden del día. En cambio ahora se dispone de tres elementos de posible tranquilidad: los propios sistemas de colocación, que impiden retirar los paneles sin romperlos; las pólizas de seguro, y el abaratamiento de los precios, que se ha convertido en el mejor seguro, porque apenas le resulta ya rentable al ladrón aventurarse en este terreno.

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